sábado, 15 de septiembre de 2007

Colombia: objetivo estratégico del teniente coronel

Pocas personas saben que detrás de la mediación del presidente Hugo Chávez para lograr el canje de los rehenes en manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, se esconde un estratégico plan que compromete el futuro del vecino país: anexarlo también a la órbita comunista de Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua y Ecuador.

¿Se ha preguntado usted por qué el canciller Fernando Araújo dijo que las FARC le están tomando el pelo a Chávez?. ¿Por qué el presidente Alvaro Uribe negó el permiso para un eventual encuentro en Colombia entre Marulanda Vélez, el jefe de la poderosa guerrilla, y el teniente coronel?. ¿Por qué Chávez está empeñado en un encuentro con las FARC? ¿Por qué le preocupa más la suerte de los secuestrados en Colombia que los secuestrados en Venezuela?, ¿Por qué no recibe también en Miraflores a los familiares de los plagiados en el país? ¿Qué es realmente lo que busca Aguila Uno con su papel de buen "samaritano"?


Como se sabe, Uribe agradeció hace poco, en Hato Grande, Colombia, el apoyo de Chávez como facilitador ante las FARC; pero también dijo, subrepticiamente y con mucha inteligencia, que Colombia tiene profundas raíces democráticas y que cada día lucha por acentuar la democracia. No habló de ningún otro modelo político. El que tenga oídos que oiga.

Texto revelador

Pues bien, ahora circula un interesante texto escrito con mucha agudeza y finura por el periodista y escritor colombiano, Plinio Apuleyo Mendoza, que contribuye a despejar algunas dudas a las interrogantes planteadas al inicio.
Apuleyo conoce muy bien la realidad venezolana, puesto que hace años ejerció el periodismo como jefe de redacción de las revistas Elite y Momento, donde trabajó como reportero el premio Nóbel, Gabriel García Márquez. Apuleyo Mendoza es actualmente columnista de la prestigiosa Revista Semana, de Colombia.

Por considerarlo de sumo interés para todos, reproducimos íntegramente su valioso trabajo periodístico titulado "La amenaza ignorada":

"Hace veinte años, nadie que no atendiese las órdenes de las Farc podía llegar a Remolinos del Caguán. Aquella población del Caquetá, ceñida por una selva indómita, sin más acceso ni más salida que el ancho río de lentas aguas amarillas al que debe su nombre, era propiedad del XIV frente de las Farc, dirigido entonces por Iván Márquez. Quise entonces ir hasta allí pero no pude. Me disuadió el propio alcalde militar que entonces encontré en Cartagena del Chairá. "Si se va a ese lugar, lo más probable es que no vuelva -me dijo-. Lo secuestran... o algo peor". Por cierto, aquel capitán rubio y simpático parecía salido de una novela de Graham Greene.

Nada le faltaba para ello. Ni el escenario donde se movía -un pueblo ardiente, ciego de sol, con un descabezado cóndor de piedra en medio de su plaza principal- ni la música desgarrada de tangos y rancheras que dejaban oír a toda hora las cantinas del puerto, ni el olor moribundo del río, ni los ventiladores que apenas removían el aire de su oficina, ni su humor. "Mandar policías a Remolinos sería como poner un canario al alcance de una boa", nos decía.

Pues bien, hace dos meses pude ir al fin a Remolinos
porque en vez del XIV frente de las Farc la población está hoy bajo el control de un batallón que pertenece a la Brigada Móvil número 22 del Ejército. Todo allí parece ahora tranquilo. Es un lugar remoto al que se puede llegar en barco desde Cartagena del Chairá, luego de once horas de viaje, río abajo, siempre con el mismo paisaje enmarañado en las riberas. O en helicóptero militar, como fue mi caso (helicóptero, por cierto, que una semana después cayó en la zona, y aún no se sabe si se debió a un accidente o si fue alcanzado por disparos de las Farc).

Que el lugar donde aterrizamos había sido durante largos años centro de operaciones de las Farc, lo descubre uno apenas entra en el pueblo, recorre unas cuantas calles en la ardiente claridad de la tarde y llega a su plaza principal, un amplio espacio de hierba en el cual se alza una enorme escultura dejada allí por la guerrilla.

Representa un gran mapa de
Colombia en piedra, pintado con los tres colores de la bandera, al cual una bella mujer desnuda, acompañada por un hombre y un niño y esculpida en un material blanco y fino como si fuese porcelana, le ha arrebatado un gran trozo: la cordillera oriental, nada menos. La sujeta en su brazo. -Se supone que esa mujer es la revolución- me aclaró, con un destello de humor en los ojos, el coronel Jorge Eliécer Rojas, comandante de la Brigada Móvil número 22, y mi acompañante y guía en aquella visita-.Fue el regalo que nos dejaron. La historia que me iría relatando luego serviría para una novela o una película sobre el mundo que vivía la fiebre de la coca a la sombra del narcotráfico y de la guerrilla.

"Venimos a comprarle su finca"

Recorriendo el pueblo, pasamos por una calle de bares abandonados que recordaban aquella época. Sharleston (con s y no con c), se leía en una vidriera. Según me contaron, prostitutas de todos los lugares del país llegaban a aquel lugar recóndito, en las selvas del Caquetá, atraídas por un dinero que corría a chorros entre los propios campesinos. Muchos de ellos llegaban a los bares con costales repletos de billetes después de vender todos los gramos de coca que habían recolectado a los narcotraficantes y de pagar el correspondiente impuesto a la guerrilla, antes de que esta se hiciera dueña de todas las fases del negocio.

La llegada del Ejército, poco después de que el presidente Uribe asumiera por primera vez el mando, acabó con el tráfico abierto de la coca y sus ríos de dinero gastado con la misma ligereza con que llegaba. La aparición en la zona de una brigada móvil ahuyentó a la guerrilla. Quedó intacta, sin embargo, su fuerza política y económica. La primera reposa en dos soportes presentes en todas las poblaciones del Caquetá: son las juntas de acción comunal y los llamados milicianos bolivarianos, del todo integrados a la población.

En Remolinos viven 50 familias y, de algún modo ligados a ellas, hay 42 milicianos bolivarianos. El coronel Rojas los conoce. Sabe también que muchas juntas de acción comunal tienen estrecha relación con las Farc. Es inevitable si se toma en cuenta que las enormes sumas que les deja el narcotráfico les permiten comprar fincas y empresas en todo el Caquetá.

El
procedimiento es simple, expeditivo, algo brutal. "Venimos a comprarle su finca", le anuncia un alto dirigente de la organización guerrillera de la región a un propietario. "Yo no quiero venderla", responde éste desconcertado. "Piénselo bien -le observa su visitante apoyándose en el fusil que sujeta con las dos manos-, si no es así, vamos a tener que comprársela a la viuda".

El propietario de la finca acaba por comprender
que no tiene más alternativa que aceptar la propuesta. "Pero no se inquiete -le dice el enviado de las Farc-, usted quedará de administrador de la finca. Bajo nuestras órdenes, claro. Formará parte de la junta de acción comunal de la zona".

Este poder político y económico no tiene una real réplica por parte del Estado. La razón es muy simple: la única presencia que este tiene en regiones que durante años estuvieron bajo el control de las Farc es militar. "Aquí hay tropa, pero no hay Estado", me decía el coronel Rojas mientras me acompañaba al helicóptero que me devolvería a Cartagena del Chairá.

Por cierto, en esta población la situación es otra. La Brigada
Móvil allí presente no se ha limitado a desterrar a la guerrilla de su entorno sino que ahora, con los fondos del Plan Colombia, va más lejos, mucho más, organizando desde las vastas instalaciones que antes servían de sede al Idema, planes de acción integral para la población: cooperativas de producción y comercio, puestos de salud, centros educativos y hasta almuerzos gratis para los niños.

No obstante, estas tentativas de neutralizar el poder de las FARC sobre la población resultan todavía débiles frente a su capacidad de intimidación y a su poder económico, que es secreto y tentacular. El grupo armado supo aprovechar muy bien el absoluto control que tuvo de la llamada zona de distensión del Caguán. No sólo consiguió comprar o apoderarse de muchas fincas, sino también de importantes negocios en las poblaciones aledañas: ferreterías, droguerías, almacenes de víveres o estaciones de servicio.

Ese
poder económico, sustentado en los millones recibidos del narcotráfico, no tarda en traducirse en poder político real gracias a las milicias bolivarianas. Ahora, en el Caquetá y otros departamentos del sur, las Farc están empeñadas en apoderarse del enorme mercado de quesos y leches mediante amenazas y atentados contra las plantas de Nestlé.

Documentos reveladores

Frente a esta nueva estrategia de las Farc, es muy poco lo que pueden hacer los militares, aun si registran operaciones exitosas. Me di cuenta de ello luego de asistir en el Caquetá a una reunión de los comandantes de las brigadas móviles que operan en todo el sur del país, desde La Macarena hasta el Putumayo. Tenía lugar en Larandia, convertida hoy, gracias al Plan Colombia, en el poderoso epicentro de la Fuerza de Tarea Conjunta Omega.

Imponentes edificaciones que alojan a un sinnúmero de oficiales, salones,
cafeterías, escuelas, alguna sede bancaria, el conjunto abre, en medio de una selva, con frecuencia azotada por lluvias torrenciales, una ciudadela militar nunca antes vista en esa región. "En dos años, tendremos derrotadas a las Farc", le oí decir al general Alejandro Navas Ramos, comandante de la más grande operación realizada en todo el sur del país.

Lo decía, sin duda,
con una honesta y obstinada convicción, tomando en cuenta que las Fuerzas Militares han logrado desterrar a los confines más remotos a los frentes que antes reinaban en el Meta, en Caquetá, Vichada, Guaviare y Putumayo, y aun en el sur del Huila y del Tolima.

El secretariado, que en otro tiempo organizaba desde el Caguán sus acciones terroristas y sus operaciones de tráfico de drogas con la segura tranquilidad de una junta de empresarios, ahora estaba desarticulado y expuesto a un permanente acoso de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, mientras el General hacía estas afirmaciones, me parecía advertir en las pupilas de algunos de los coroneles venidos de lejanos confines un destello de incertidumbre. En la noche, sentado con dos de ellos en una terraza abierta a la vasta oscuridad de la selva y a sus hirvientes rumores, pude aclarar dónde estaban sus dudas.

No era en el campo militar. Los dos
oficiales, sin duda curtidos en labores de inteligencia, habían logrado atrapar algunos valiosos secretos de la nueva estrategia de las Farc. Tenían en sus manos reveladores documentos sobre el PC3 (Partido Comunista Colombiano Clandestino), las conclusiones de la novena conferencia de las Farc, y el último manifiesto de Alfonso Cano, donde aparece por primera vez el diseño de una estrategia electoral ligada a fuerzas políticas legales de izquierda (o "democráticas", como él las llama) y a los movimientos bolivarianos surgidos recientemente en el país.

El conjunto muestra que la contención militar de la guerrilla lograda por el Gobierno ha empujado a las Farc a mirar como opción posible para Colombia lo sucedido en Venezuela, en Bolivia, Ecuador y Nicaragua, donde el poder llegó a gobiernos de perfil ideológico muy próximos al suyo por la vía electoral y no armada. Es una opción menos irreal de lo que hasta hace poco parecía. El informe del PC3 no me cayó de nuevo.

Días atrás, dos
desmovilizados de las Farc que fueron formados en la primera generación de agentes de este partido clandestino, me habían contado cómo surgió en el año 2000, en la zona del Caguán, bajo el control directo de 'Alfonso Cano' y de 'Raúl Reyes'. Sabía que el PC3 respondía a lo que pomposamente Cano llama "El plan estratégico para la toma del poder".

Sus dos puntales son,
por una parte, el PC3 y el MB, Movimiento Bolivariano para la Nueva Colombia, él sí nada secreto, compuesto por una buena red de idiotas útiles embelesados con los supuestos sueños libertarios de Bolívar aplicados hoy a nuestra realidad.

Buscando la "urbanización del conflicto como elemento fundamental del plan estratégico para la toma del poder", los integrantes del PC3 tienen un perfil muy selecto. Es el mismo de mis dos informantes: hombres cultos, leídos, bien capaces de ocultar su identidad política e ideológica cuando era necesario. Es decir, nada parecidos a nuestros mamertos de siempre. No reciben pago alguno y deben tener una formación de base que les permita ganarse la vida dentro de un estrato medio.

Organizados en células de cinco
hombres, su misión es incrustarse en áreas estratégicas de la sociedad, de la cultura y del Estado: medios de comunicación, ministerios, centros académicos y artísticos y, sobre todo, entidades tan cruciales para un plan de guerra política como la Fiscalía, la Procuraduría, el DAS, la Policía y las propias Fuerzas Militares. Cada célula tiene una función específica, muy bien diseñada. Por ejemplo, el más joven de mis informantes, cuyo aspecto podría ser el de un refinado universitario de los Andes, hacía parte de la red que tiene a su cargo un fino trabajo en los medios de comunicación.

No se trata sólo de infiltrarse en los equipos de redacción de un diario, de una revista, de un noticiero de televisión o de un programa de radio. De muchas maneras, se las arreglan para suministrar pistas o informes que puedan ser vistos como codiciadas primicias por redactores de planta, de quienes acaban siendo colaboradores y amigos. Es muy difícil, desde luego, para los directores, editores o jefes de redacción de un medio descubrir cualquier infiltración de agentes del PC3.

Su buen camuflaje los
hace insospechables. Lo era -recordémoslo bien- el miembro de la junta directiva de las Empresas Públicas de Medellín capturado por pura casualidad en las inmediaciones de un campamento de las Farc. Jamás sospecharon de él sus colegas. Vestía, hablaba y era tan eficiente como el mejor de los ejecutivos. Sin embargo, era miembro del PC3.

Como tal, debía
rendir cada cierto tiempo un informe a sus superiores del secretariado político de la guerrilla. Tuvo la mala suerte de caer en las redes de una operación militar.

El anzuelo que utilizan los agentes del PC3 en los medios de comunicación es la primicia. Nuestro periodismo escrito o radial busca siempre la noticia, la entrevista o el reportaje de impacto, sin detenerse a examinar con cautela la validez de sus fuentes. Por culpa de esta ligereza, las acusaciones sin prueba de un delincuente son presentadas como "revelaciones". Se distorsionan legítimas operaciones militares.

Se les da
el carácter de espontáneas y fundadas manifestaciones de protesta a marchas estudiantiles o campesinas o a pronunciamientos contra el TLC, sin mostrar quiénes los manipulan. Poco a poco, bajo las luces del escándalo que bañan por igual a justos y pecadores, el proceso de paz con las autodefensas resulta contaminado. El propio presidente Uribe es visto en el exterior como un aliado de los paramilitares, y tambalea el Tratado de Libre Comercio en el Senado norteamericano. Ante esta labor soterrada, sostenida y exitosa de sus agentes, Alfonso Cano debe frotarse las manos de contento.

La sombra de Chávez

Un nuevo aspecto de la guerra política que hasta hace poco yo no conocía es el papel que está jugando dentro y fuera del país el movimiento bolivariano. No es tan inocente como parece. Se advierten en Colombia, de manera algo más que embrionaria, los pasos que en Bolivia, Ecuador y Nicaragua permitieron a los amigos del presidente Hugo Chávez y de Fidel Castro, llegar al poder. Los círculos bolivarianos adelantan un proselitismo político en centros de estudio y en ciudades cercanas a la frontera con Venezuela.

Los llamados "Convenios de hermanamiento entre
municipios venezolanos y colombianos", liderados en Venezuela por Freddy Bernal, brazo derecho de Chávez, no son solo una hermosa expresión de fraternidad. Hay algo más.

Detrás de proyectos de desarrollo, misiones
asistenciales y becas se oculta el propósito de difundir en nuestras poblaciones las bondades de una revolución bolivariana con miras a que un día no muy lejano algo similar se implante en Colombia.

De su lado, centros de estudio como el Instituto Bolivariano de Estudios Latinoamericanos (Ibel) dirigido por Mary Luz Herrán, exmujer de Gustavo Petro, cumplen interesadas funciones de enlace no solo comercial sino de acercamiento político entre movimientos colombianos y los sectores que acompañan al presidente Chávez. ¿Qué se pretende con todo esto? Algo hasta hace poco impensable: ni más ni menos que incorporar a Colombia al eje hemisférico alentado por Chávez, tomando como coyuntura propicia las elecciones presidenciales del año 2010.

Dos indicios parecen confluir en el
mismo objetivo. El primero es justamente el reciente manifiesto de 'Alfonso Cano' en el cual se habla de dar apoyo electoral a lo que llama "movimientos democráticos" capaces de configurar una amplia alianza bolivariana, o un gobierno de la llamada Nueva Colombia. El segundo indicio es la búsqueda de un acercamiento ideológico entre el Polo Democrático Alternativo y el llamado Socialismo del siglo XXI liderado por Chávez. Se trata nada menos que de un sistema empeñado en sustituir al capitalismo por una modalidad de socialismo o comunismo tropical que sigue los pasos de la revolución cubana.

Ciertamente, es solo un proyecto, una tentativa no compartida por otros sectores del Polo Democrático. Sin embargo, en el Seminario Ideológico de esta fuerza política que tuvo lugar el 20 de febrero de este año, la opción del socialismo del siglo XXI fue presentada por el propio Gustavo Petro y secundada por otros dirigentes de esa misma línea. Con estos antecedentes, ¿cuál sería la perspectiva colombiana en las elecciones del 2010? Algo muy inquietante. El presidente Uribe, hasta el momento, no tiene sucesor. Tiene sucesores, que no es lo mismo. Las ilusiones de cada uno de ellos les impide ver escuetamente la realidad. Deben creer en su triunfo. Hay allí algo de feria de vanidades.

El Partido Liberal alimenta la misma ilusión. El Partido Conservador no debe saber aún qué rumbo tomar. Dentro de este panorama de agudo fraccionamiento político, el Polo Democrático Alternativo, dejando seguramente en penumbra el apoyo de Chávez y el guiño que le ha dado outsider, luce nueva y atractiva para los sectores jóvenes del país.

En provincia y en los sectores rurales, los petrodólares venidos del otro lado de la frontera completarían el cuento. Tal es la amenaza ignorada. ¿Por qué se ha dejado prosperar? Lo expone muy bien en su libro 'El espejo retrovisor' el general Adolfo Clavijo. Las Farc adelantan una guerra que combina todas las formas de lucha. Cuando la militar es golpeada -como lo ha sido ahora por el presidente Uribe-, concentra toda su artillería en el campo de la guerra política. Con éxito, por desgracia.

Si no abrimos los ojos, si no hay una real convergencia entre las
fuerzas políticas que apoyan al presidente Uribe y la gran franja de opinión que lo sigue, estaremos repitiendo el mismo error que en 1998 cometieron los demócratas venezolanos, con los sombríos resultados que hoy vemos en el vecino país".

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