En Galipán, sobre las cumbres del Parque Nacional Waraira Repano, el autócrata depuesto hizo construir un ’ashram’ hinduista para que él y su círculo más íntimo adoraran al gurú Sathya Sai Baba, con comodidad y algo de misterio. Su secretario privado, Homar Farahón Viera Rodríguez, hijo de la embajadora de Venezuela en India, Capaya Rodríguez -ambos, fieles también del santón-, tomó el proyecto bajo su cargo. Pero todo ese fervor místico se materializó en una edificación profanadora de un santuario natural que la ley protege. Cinco cúpulas blancas con ribetes sencillos y ventanas diminutas sobresalen entre el verdor de los copeyes y eucaliptos que pueblan el sector San Isidro de San José de Galipán, el pueblo montañoso que se ve desde la cumbre del cerro El Ávila por su ladera norte. Desde miradores turísticos y varios ángulos del sinuoso camino se divisa la edificación, cuya particular silueta y color rompen el patrón de techos de tejas rojas y platabandas, propio de las casas rurales del lugar, muchas de ellas transformadas en posadas o lujosas residencias de fin de semana.
domingo, 25 de octubre de 2026
Las extrabagancias de un DICTADOR: Un templo al gurú Sathya Sai Baba en el Parque Nacional Waraira Repano
En Galipán, sobre las cumbres del Parque Nacional Waraira Repano, el autócrata depuesto hizo construir un ’ashram’ hinduista para que él y su círculo más íntimo adoraran al gurú Sathya Sai Baba, con comodidad y algo de misterio. Su secretario privado, Homar Farahón Viera Rodríguez, hijo de la embajadora de Venezuela en India, Capaya Rodríguez -ambos, fieles también del santón-, tomó el proyecto bajo su cargo. Pero todo ese fervor místico se materializó en una edificación profanadora de un santuario natural que la ley protege. Cinco cúpulas blancas con ribetes sencillos y ventanas diminutas sobresalen entre el verdor de los copeyes y eucaliptos que pueblan el sector San Isidro de San José de Galipán, el pueblo montañoso que se ve desde la cumbre del cerro El Ávila por su ladera norte. Desde miradores turísticos y varios ángulos del sinuoso camino se divisa la edificación, cuya particular silueta y color rompen el patrón de techos de tejas rojas y platabandas, propio de las casas rurales del lugar, muchas de ellas transformadas en posadas o lujosas residencias de fin de semana.
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