«¿Qué sucede con una religión que se basa en textos sagrados cuando el mayor experto en esos textos es una inteligencia artificial?». El historiador Yuval Harari, autor del best seller Sapiens, planteó a principios de año en una conferencia en el Foro Económico Mundial de Davos esta tremenda cuestión, añadida a las múltiples inquietudes que despierta la inteligencia artificial: Harari, nacido en Israel en una familia judía, hace referencia en concreto al islam, el cristianismo o el judaísmo porque son religiones que se apoyan excepcionalmente en palabras recogidas en libros. Y señala el peligro: Por supuesto, no dice que esa sea toda la realidad: a los humanos todavía nos queda el 'sentir', admite Harari, pero lo cierto es que el lenguaje es clave en la transmisión de creencias y la IA ya domina el lenguaje mejor que nosotros. Puede fingir amor y empatía, y generar intimidad... o la ilusión de ella. «Puede decir 'te amo' y, si la retas a describir cómo se siente el amor, puede proporcionar la mejor descripción verbal del mundo. Puede leer innumerables poemas de amor y libros de psicología, y luego describir el sentimiento amoroso mucho mejor que cualquier poeta, psicólogo o amante humano», explica. Imagina que hiciese lo mismo con las creencias religiosas. Amparada, además, por una de sus 'cualidades admitidas': es inescrutable. ChatGPT o Claude se consideran tecnologías cuyo funcionamiento interno es tan complejo que ni siquiera sus creadores pueden explicarlo fácilmente. Y, a veces, generan resultados tan sorprendentemente específicos que el usuario tiene la sensación de ser conocido de forma 'sobrenatural'.
viernes, 21 de agosto de 2026
La inteligencia artificial no es DIOS, pero puede crear uno amenazando a la religión
«¿Qué sucede con una religión que se basa en textos sagrados cuando el mayor experto en esos textos es una inteligencia artificial?». El historiador Yuval Harari, autor del best seller Sapiens, planteó a principios de año en una conferencia en el Foro Económico Mundial de Davos esta tremenda cuestión, añadida a las múltiples inquietudes que despierta la inteligencia artificial: Harari, nacido en Israel en una familia judía, hace referencia en concreto al islam, el cristianismo o el judaísmo porque son religiones que se apoyan excepcionalmente en palabras recogidas en libros. Y señala el peligro: Por supuesto, no dice que esa sea toda la realidad: a los humanos todavía nos queda el 'sentir', admite Harari, pero lo cierto es que el lenguaje es clave en la transmisión de creencias y la IA ya domina el lenguaje mejor que nosotros. Puede fingir amor y empatía, y generar intimidad... o la ilusión de ella. «Puede decir 'te amo' y, si la retas a describir cómo se siente el amor, puede proporcionar la mejor descripción verbal del mundo. Puede leer innumerables poemas de amor y libros de psicología, y luego describir el sentimiento amoroso mucho mejor que cualquier poeta, psicólogo o amante humano», explica. Imagina que hiciese lo mismo con las creencias religiosas. Amparada, además, por una de sus 'cualidades admitidas': es inescrutable. ChatGPT o Claude se consideran tecnologías cuyo funcionamiento interno es tan complejo que ni siquiera sus creadores pueden explicarlo fácilmente. Y, a veces, generan resultados tan sorprendentemente específicos que el usuario tiene la sensación de ser conocido de forma 'sobrenatural'.
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