sábado, 7 de febrero de 2026

El mercader del dolor: la infamia de ZAPATERO en Venezuela


La historia recordará a
José Luis Rodríguez Zapatero, pero no como él cree. No. La historia, si es justa, lo recordará con el desprecio que merecen los cómplices necesarios de la barbarie. Zapatero no es un libertador; es el mercader del dolor venezolano. La narrativa del «héroe humanitario», esa que la izquierda ceniza y los medios afines intentan vendernos con calzador, no es solo una mentira: es una farsa obscena, un escupitajo en la cara de cada venezolano que ha tenido que huir de su tierra o enterrar a sus hijos. Durante una década infame, el expresidente del Gobierno de España se dedicó a negar cínicamente la existencia de presos políticos. Mientras él se paseaba por el Palacio de Miraflores entre risas y abrazos con la cúpula chavista, en los sótanos de Caracas se torturaba sistemáticamente. Zapatero sabía lo que ocurría. No podía no saberlo. Los testimonios son precisos, quirúrgicos y devastadores: Lorent Saleh, torturado física y psicológicamente en La Tumba, o Sergio Contreras, sometido a vejaciones en la cárcel militar de Ramo Verde, han denunciado una y otra vez el mismo patrón macabro. Y es que Zapatero no recorría los infiernos para detener el horror. No viajaba a Venezuela para consolar ni para liberar. Iba como el capataz del régimen, para exigir silencio a las víctimas y sumisión absoluta a sus familias. Actuaba como el engranaje necesario, el aceite que permitía que la maquinaria del chantaje dictatorial siguiera triturando carne humana sin chirriar ante la comunidad internacional.

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